Hola amigos de la coctelera, después de muchas lunas y nostalgias vuelvo a escribir… esta vez compartiré con ustedes mi experiencia del terremoto que pasamos aquí en Perú, fue realmente el susto de mi vida, los dos minutos mas largos y aterradores que he experimentado…

Las tardes de invierno son nostálgicos, grises, mezquinos aquí en Lima, y esa tarde, aquélla tarde del quince de agosto no era la excepción, hacia mucho frío y el ambiente estaba nublado, cubierto de una tristeza y un manto de melancolía gris; este clima a veces te sumerge en una depresión, siempre es así, pareciera que el invierno te restregara en la cara lo infeliz que eres y la falta que te hace un afecto, yo misma estaba con la “depre” porque tuve una de esas crisis de existencialismo (felizmente se me pasan pronto), pero aún así disfruto del tiempo aunque suene contradictorio ya que anima mi imaginación y me provoca ahogarme en algunos placeres… Eran aproximadamente las 6 y 40 de la tarde (hora Perú) en el momento que yo estaba hablando por teléfono precisamente con un amigo que me llamó de España, ya tenía mas de 20 min. hablando cuando de pronto siento una sacudida sobre mi cama, pero como no soy nerviosa (sin saber que minutos mas tarde iba a iniciarme como la nerviosa mas nerviosa) y además, como aquí los temblores son frecuentes no le hice caso, pensando que pasaría pronto, mientras yo seguía recostada sobre mi cama con el teléfono en la oreja, el temblor seguía “meciéndome”, al sentir que el “movimiento” no cesaba me levanto y le digo a mi amigo, que seguía del otro lado, que esta pasando un temblor, y el me pregunta: “¿es fuerte?”, a lo que yo contesto: ”…no, esta suave… pero no cesa”. Efectivamente el temblor era suave y eternamente largo, lo último que le dije a mi amigo fue: “me voy… esto da para más… temblor!!….”, fue cuando decidí tirar el teléfono, y bajar por precaución, baje un tanto presurosa, pero tranquila, por las escaleras, hasta ese entonces el bendito temblor no cesaba, cuando llego a mi sala siento que estaba bajando la intensidad del sismo cuando de pronto vino un segundo sacudón mas fuerte, mas persistente… y mas eterno, en ese momento sentí que se nos venia el mundo encima, pensé que nos había llegado el 2000 (desde muchos años atrás, siempre hubo una especulación que en el año 2000 de iba a acabar el mundo, versión difundida sobretodo por los evangelistas), el sonido de las ventanas, de las lámparas, el mismo bramido del terremoto era ensordecedor… todo se sacudía bajo mis pies arrastrando un honda brusca y amenazante, rápidamente alcanzo la puerta para salir y ponerme a salvo en el jardín que da a la calle, cuando veo la multitud de gente galopada e histérica en la vía, eso me puso más nerviosa, pero lo que terminó por hundirme fue ver el cielo alumbrarse de un color entre naranja y rojo repetidas veces, el sismo fue tan largo que tuve tiempo de seguir pensando, me puse analizar que esas luces no pueden ser rayos o algo así, porque aquí en Lima nunca truena (los limeños no conocemos ni truenos ni rayos, solo lo disfrutamos cuando vamos a la sierra o la selva), además no se escuchaba ningún retumbo en el cielo que en ese momento ya estaba poniéndose oscuro y eso me hizo pensar lo peor, fue cuando asocie repentinamente que desaparecía el mundo como lo conocemos (parecía la guerra de los mundos) y que yo me iba a ir de éste sin hacer lo que mas quería, y que nuestra raza se iba a extinguir, fueron dos largos minutos, los mas largos minutos de mi vida y los mas aterradores. Parece mentira, pero cuando uno esta bien y tienes todo por hacer, no lo aprovechas y dejas pasar muchas cosas para un “después”, y cuando ves pasar la muerte de cerca recién “reaccionas”; realmente pensé que iba a morir ahí mismo enterrada bajo escombros; de la desesperación me agarre de una columna y la abrasé tanto que no podía o no quería… no sé... desprenderme de ahí, de pronto me vi bañada en lágrimas, me atrapo un sentimiento fatal a mi existencia, lloré tanto, tanto, como nunca (bueno, antes ya había llorado bastante y pensé en ese momento que seria la única vez, pero esa es otra historia) la gente que me rodeaba me miraba compadecida (las pocas que estaban serenas), escuchaba palabras de aliento y de consuelo, pensaban que estaba así por los nervios, por el terremoto, eso era cierto, pero también aproveche sin premeditarlo para sacudirme de mis penas y locuras, que sin querer se presento la ocasión para llorar libremente y con un placer extraño… para liberar un desahogo a mi depresión por la que estaba atravesando, ya que normalmente no puedo mostrar esos sentimientos así tan abiertamente, sentía que no tenia fuerzas ni voluntad, mientras el cielo seguía alumbrándose y el movimiento seguía ondulante, largo y temerario daba tiempo para pensar… y angustiarse, solo recuerdo que las únicas palabras que pronunciaba mientras lloraba eran: “…el temblor no se quiere ir…. no se quiere ir……!!!” por un momento no miraba nada, es decir miraba pero no veía, solo escuchaba gritos, llantos, rezos, todo era un mar de desesperación…… (continuará).